DE PASEO POR EL MERCADO DE SAN ANTONIO Game Download

Unos cazan conejos o ciervos, y otros cazamos videojuegos.

Transcurre una de esas mañanas calurosas y soleadas de Barcelona, cuando las casetas del Mercado de San Antonio (léase Mercat de Sant Antoni) se alinean en una luz cegadora con sus mostradores y tenderetes llenos de juegos, libros, revistas y un largo etcétera.

Entre esos naufragios de ludotecas varias, pecios de derribo, restos flotantes de vidas y mundos desaparecidos, me muevo atento y sigiloso como un francotirador adiestrado por los viejos hábitos.

Dispuesto, como estipulan las reglas, a actuar sin piedad frente a otros eventuales cazadores, madrugándoles la pieza codiciada.

Llevo así una hora larga, mirando, tocando, husmeando como un depredador pertinaz, con el pálpito en el corazón y el hormigueo en los dedos sucios de buscar y rebuscar que siente todo coleccionista de videojuegos en lugares como este.

Ávido por cazar hasta sin hambre.

De colmar el zurrón aunque vaya bien repleto.

Saciado al fin, o casi, cargo con un botín que justifica el paseo: unos cuantos cartuchos para Super Nintendo, algún título de Master System e incluso de Saturn y la primera PlayStation.

Entre varios juegos, el desembolso total no llega a los noventa euros.

Sabiendo mirar con paciencia y atento a las pequeñas gangas, es posible adquirir grandes clásicos por un precio realmente ajustado.

Eso incluye todo tipo de géneros, deportivos, RPGs, de plataformas, aventuras, acción y cualquier otro que se les ocurra.

Absolutamente de todo.

Sin embargo, en este paraíso del retro y la felicidad que es ahora el Mercado de San Antonio, hay menos gente de la que recuerdo en mis años mozos.

Menos de treinta personas se mueven por los escasos tenderetes repletos, eso sí, de tentadores videojuegos, entre otras cosas.

Y eso, en día casi festivo en que, con crisis como sin ella, los bares y terrazas están llenos.

Como de costumbre, la charla con algunos amigos vendedores ha sido un rosario de lágrimas y pesares.

No se vende tanto como antes, es una frase que lo resume todo.

Cada vez viene menos gente y fíjate, añaden, que no hay lugar donde se concentre una oferta cultural tan extraordinaria como esta.

Escuchando a algún vendedor con el que tengo cierta confianza, recuerdo con amargura una discusión que mantuve hace escasos días con alguien que argumentaba, en defensa de la piratería salvaje y del todo gratis para todos (confundiendo cultura de fácil acceso con cultura impunemente saqueada), que los videojuegos son caros y eso justifica pillarlos de Internet por la cara.

Y no hablo de títulos añejos o descatalogados, que siempre agradecen la emulación, en especial para quienes practicamos la arqueología digital; sino de lanzamientos relativamente actuales.

Lugares como el Mercado de San Antonio desmienten esa simpleza.

Y si bien es cierto que la novedad o el retro alcanzan a menudo precios indecentes, a quien desea tener un buen juego entre las manos le basta darse una vuelta por lugares como este con apenas veinte euros en el bolsillo.

O incluso menos.

Poco más que el precio de una cena y un refresco.

Raro sería que no se fuese con dos o tres juegos de vuelta a casa.

Quien no compra un videojuego clásico es porque no quiere, no le interesa o directamente prefiere invertir en el contenido digital, que también es otra opción igualmente respetable.

No porque todos ellos sean excesivamente caros, así que déjenme de milongas y cuentos chinos.

Aunque para cuento chino, según me comentan, el de las autoridades municipales.

Hace años, me aseguran, desoyeron el ruego de los vendedores sugiriendo que, para darle más vida a aquello, instalasen otros chiringuitos con terraza, que es lo único que parece atraer al gentío.

Si vienen a tomar copas, intuían, más venderemos nosotros, porque estaremos enfrente.

Naturalmente, se pasaron la sugerencia por donde ustedes y yo sabemos, argumentando que ya hay otros bares cercanos, por no hablar de competencias, permisos y ordenanzas.

De todas formas, previne a mi contertulio, es mucho mejor así.

Cuidado con las ideas, porque tienen doble filo.

Un concejal avispado puede echar cuentas, concluyendo que el negocio sería mandar a los videojuegos y libros a tomar vientos y montar en cada caseta un chiringuito, dándole la concesión a la empresa de cualquier allegado.

De juegos retro, ni rastro; pero el Mercado de San Antonio se pondría de bote en bote, con toda Barcelona, turistas incluidos, dándose codazos con una copa en la mano: terrazas abarrotadas, ambientazo, promoción en los periódicos locales y muchos puestos de trabajo para camareros, que es la única profesión nacional en auge.

Ni crisis, ni nada remotamente parecido.

El Mercado de San Antonio, ahora más que nunca, de plena moda.

Y los videojuegos, libros y revistas de toda la vida, condenados al ostracismo absoluto.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados.
Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico.
Pasad, pasad… bajo vuestra propia responsabilidad.

DE PASEO POR EL MERCADO DE SAN ANTONIO

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